[Crítica] ‘Libreros de Nueva York’ — Cómo el amor hacia los libros une a la gente

«A mí me encantan las inscripciones en las guardas y las notas en los márgenes: me gusta el sentimiento de camaradería que suscita el volver páginas que algún otro ha pasado antes, así como leer los pasajes acerca de los que otro, fallecido tal vez hace mucho, llama mi atención». Durante los primeros minutos de The Booksellers (2019) nos recuerdan a través de una escena de la adaptación de 84, Charing Cross Road (Helene Hanff) lo que hemos venido a ver: cómo el amor hacia los libros es capaz de unir a las personas.

Poco a poco vamos conociendo los distintos perfiles de los libreros y libreras de la ciudad, la historia de sus librerías, el por qué han terminado trabajando así: recopilando y coleccionando joyas a sabiendas de que es no es un trabajo especialmente rentable. Y que los primeros libreros de la Cuarta Avenida montaron este negocio más por amor hacia los libros que por ganar dinero. Asimismo, ponen de manifiesto cómo el avance de la tecnología a finales del siglo pasado propició que, con la llegada de Internet, nuestros hábitos de lectura hayan cambiado.

Algunos de los protagonistas de The Booksellers señalan que “se ha perdido esa búsqueda de un tesoro que encuentras tras recorrerte cientos y cientos de librerías durante años” y que ahora, con Internet, esa búsqueda es inmediata y “pierde la emoción”.

Libreros de Nueva York ha sido dirigida por D.W. Young y podrá verse en gran pantalla a partir del viernes 26 de febrero. Es un recorrido por la historia de multitud de las librerías de Nueva York, sus respectivos libreros. Además, la cinta cuenta con algunas personalidades e intelectuales conocidos por ser destacados coleccionistas de libros. Entre ellos, se encuentra la escritora Fran Lebowitz (Pretend it’s a City, 2021) quien considera a los libros como “seres humanos” y encontrarse un libro en la basura es como “toparse con una cabeza en la calle”.

 

Aunque a veces te lleve por derroteros en los que parece que no hay salvación posible y son los últimos libreros que quedarán por la ciudad, se percibe un mensaje optimista gracias a la percepción que tienen las generaciones más jóvenes sobre los libros en físico al igual que hay libreras prometedoras con ideas que sus antecesores no han sabido ver.

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